
Fernanda, ¿podrías contarnos un poco sobre tu trayectoria profesional?
Estudié licenciatura en Artes con mención en teoría de la música. Soy profesora especializada en teoría general, magíster en musicología y actualmente estoy terminando mi doctorado en Estudios Culturales Latinoamericanos. Toda mi formación superior la he realizado en la Universidad de Chile.
Desde el año 2011 me dedico a la musicología histórica, con un fuerte énfasis en el rescate patrimonial, puesta en valor y difusión de colecciones musicales. He realizado proyectos en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago, la Biblioteca Patrimonial de la Recoleta Dominica de Santiago, el Archivo Central Andrés Bello de la Univesidad de Chile, y también en el Archivo de Música de la Biblioteca Nacional.
Me desempeño como académica del Departamento de Música de la Universidad de Chile y actualmente soy parte del Directorio de la Sociedad Chilena de Musicología, en calidad de primera vicepresidenta.
¿Qué es la etnomusicología?
Si la musicología era el estudio sistemático de la música (compositores, géneros, repertorios) con fines de producir nuevos conocimientos en torno a esta disciplina, la etnomusicología fue concebida desde Europa como el estudio de la música de pueblos no europeos, y fue reconocida como una disciplina independiente desde mediados del siglo XX. Actualmente ha habido una apertura para comprender la etnomusicología como el estudio de las prácticas musicales de tradición oral y las músicas folklóricas de todos los pueblos. Si bien se le consideraba como el estudio de la música, los instrumentos y prácticas no occidentales, el concepto se ha abierto para incluir el estudio de la música en la cultura y el contexto social, abarcando también todas las prácticas, repertorios e instrumentos de la música popular.
Martín Gusinde registró diferentes aspectos de la vida de los pueblos fueguinos, y uno de ellos fueron sus expresiones musicales. Gracias a las técnicas de la época fue capaz de grabar parte de sus cantos, los cuales serán mostrados en una exposición digital que realizaremos junto al Museo Precolombino.
¿Qué aspectos debiésemos considerar -quienes no tenemos mayor conocimiento científico- para poder apreciarlos?
Martín Gusinde, de nacionalidad alemana, llevó a cabo cuatro viajes de investigación a Tierra del Fuego y la Patagonia. Capturó 30 cilindros de cera con las grabaciones de hombres y mujeres pertenecientes a los pueblos selk'nam, yámana y kawésqar. Estos registros sonoros tenían como finalidad servir a fines de demarcación étnica, pero no eran para su uso personal sino que debía remitirlos al Phonogramm-Archiv de Berlín, donde los musicólogos especializados podrían analizarlos, a la vez que incrementar su reservorio de expresiones musicales que en esos momentos eran consideradas como “exóticas y primitivas”.
Gusinde deseaba cooperar con el Phonogram-Archiv de Berlín, puesto que sabía que sus registros serían utilizados dentro de un programa global de recolección de registros musicales, que tenía como finalidad explicar los mecanismos de difusión y evolución de la música. De este modo, Gusinde era clave, por cuanto mediaba para hacer posible que las expresiones musicales de estos pueblos pudiesen ser clasificados, preservados y estudiados.
En primer lugar, los registros sonoros capturados en los cilindros de cera representan expresiones musicales evanescentes de miembros del pueblo selk'nam que se encontraban en Punta Remolino. De este modo, hay que tener claro que no se grababa algo “ensayado” tal como concebimos la música hoy, sino que representaban la expresión musical espontánea y cotidiana de estas personas.
¿Cómo podemos situar con perspectiva histórica lo que nos deja Gusinde? ¿Con qué tecnología contaba?
Gusinde formó parte de las primeras generaciones de estudios etnográficos y antropológicos que deseaban estudiar al hombre y su cultura. Como misionero del Verbo Divino, desarrolló su vocación religiosa sirviendo en los lugares más apartados del planeta. Esto, unido a su interés antropológico y etnográfico, lo llevó a registrar para la posteridad, bajo su propia concepción del mundo como hombre europeo e ilustrado, regido bajo el paradigma evolucionista, las expresiones de vida de los pueblos de las regiones australes. Esa es la perspectiva que hay que tener en cuenta al analizar su legado, Martín Gusinde formaba parte de una generación de hombres estudiosos que deseaban registrar todas las formas de vida, para someterlas a análisis y estudios dentro de estos modelos basados en la idea de la evolución y progreso cultural del hombre. Por esto, Gusinde no grababa para que los habitantes de los pueblos originarios tuvieran copia o registro de sus expresiones orales o musicales, sino que para enviarlas de ejemplos a donde pudieran ser interpretadas bajo criterios científicos occidentales.
No cabe duda del valor antropológico, etnomusicológico e histórico. Pero también hay un valor cultural o patrimonial que remite a la riqueza identitaria de los pueblos originarios que habitaron esos territorios. Tan importantes (y/o exóticos) como pudieran haber sido en esos momentos para los antropólogos y etnomusicólogos alemanes, esos registros son valiosos para los descendientes de esos pueblos, y para la conformación identitaria de los chilenos también.
De manera general, esos registros sonoros son los más antiguos realizados a personas pertenecientes a esos pueblos originarios y, si bien, claramente no son “la música yámana, selk-nam o kawésqar”, sí son ejemplos de esas representaciones culturales, que formaban parte de la vida cotidiana de de esos pueblos.
Este proceso de “captura” de los registros se realizó mediante la tecnología de grabación pórtatil que existía en la época, fonógrafo con dispositivo de captación y cilindros de cera como dispositivo de almacenamiento de los registros sonoros. Una vez hechas, las grabaciones eran enviadas a Berlín para ser analizadas por los musicólogos especializados.
Desde tu experiencia y estudios musicales, ¿qué aspectos de la música fueguina nos permite diferenciar a estos pueblos de otros?
En verdad, no podría establecer una respuesta tajante a esa pregunta, porque ninguna música se reduce a “ciertas” características, sobre todo teniendo en cuenta, primero, que son expresiones evanescentes, es decir, ejemplos de expresiones musicales del momento, y no “la música” de esas culturas, tal como occidentalmente se entiende la expresión musical. La música, como expresión temporal, sólo existe en el momento en que es expresada y vivida, sobre todo cuando forma parte de la vida o expresión cultural y social de un pueblo, comunidad o grupo humano. Por otra parte, tampoco se puede reducir lo musical a como se comprende occidentalmente, como alturas, melodías, tonos ni escalas que incluso pueden capturarse en expresiones escritas en el papel, porque no fueron concebidos bajo ese parámetro cultural.
¿Qué importancia tiene para nuestra sociedad el que hoy podamos escuchar las voces de nuestros pueblos originarios, grabadas hace 100 años? ¿Cómo podemos hoy valorar más este patrimonio, y por qué sería patrimonio para los chilenos?
Sería patrimonio porque son las expresiones más antiguas que ejemplifican la expresión musical de los pueblos selk'nam, yámana y kawésqar, que formaron parte del territorio chileno. Tomar conciencia de las expresiones musicales que formaban parte relevante de la vida cotidiana de los pueblos originarios que habitaron el extremo austral de nuestro país, enriquece el bagaje cultural e identitario de nuestra sociedad.
Al ser pueblos que fueron sometidos, dominados, colonizados, aculturizados, y finalmente extintos bajo las nuevas condiciones de vida que les fueron impuestas, valorar sus expresiones culturales se transforma en un acto reivindicatorio que reconoce su aporte identitario a las actuales generaciones. Estos registros también actúan como un medio para conocer y reconocer la gran variedad y riqueza étnica que ha albergado nuestro territorio. El contacto y la relación de estos pueblos con la naturaleza, que también se expresa en su música, propia de su territorio, nos permite identificarnos hoy como un pueblo mestizo heredero de tradiciones y marcas culturales que provienen de tiempos inmemoriales.
El recuperar, acceder y valorar registros sonoros que fueron capturados hace casi un siglo, cierra un círculo de manera virtuosa, pues vuelve al lugar y a la cultura de origen estos ejemplos de la música cotidiana de estas culturas.
¿Qué limitaciones crees que existen en nuestro país, para conocer en mayor medida esta riqueza cultural que nos han dejado nuestros pueblos? ¿Crees que existe hoy una oportunidad de cambio?
Una de las limitaciones que existen son la falta de conciencia de la riqueza cultural de nuestros pueblos originarios.
Esto también se ve reflejado en la exotización que vivieron, poniéndolos en el lugar de un “otro” en vez de aceptarlos como parte de nuestra construccion identitaria como nación.
Los chilenos actuales son fruto de la mezcla de muchos pueblos originarios con inmigrantes extranjeros. El valorar esa mixtura cultural y étnica nos permitiría avanzar en la valoración del patrimonio.
Otra limitación es la falta de información accesible y cercana a las nuevas generaciones en torno a la vida cultural de los pueblos originarios. El realizar exposiciones y generar informaciones que puedan ser fácilmente comprensibles por la comunidad, permitirán apreciar y valorar la riqueza cultural de nuestros ancestros, así como también valorar a nuestros pueblos originarios que aún perviven.
Creo que existe una oportunidad de cambio, por cuanto las nuevas generaciones están abiertas a valorar la diversidad, como también a reconocer los valores y la riqueza de nuestros pueblos originarios.
